Hoy fui como invitada a dar un ateneo sobre una ex paciente que estaba siendo dada de alta.
Una chica de 24 años con desórdenes de varios tipos, autolesiones, agresividad, adicciones varias, distorsiones en la imagen corporal.
Proviene de una familia que nunca tuvo lo mínimo. Nunca alcanzó aunque todos laburaban.
Nunca sobró tiempo para el esparcimiento, el gusto, mucho menos para demostrarse cariño y darse contención.
Terminó el secundario a duras penas. Medio forzada por una profesora que le puso fichas (gracias eternas a esa profesora dónde sea que esté).
Esta chica, perdida, triste y sola llegó con un diagnóstico bastante tétrico: trastorno esquizoide.
Medicada hasta la manija. Ni siquiera podía mantener el contacto visual. Se perdía la mirada del otro, o la rehuía.
La medicación le producía hipersensibilidad táctil, no soportaba el dolor que le producía ser tocada.
Psicólogos y psiquiatras varios la habían tipificado como crónica.
Nunca notaron que varios de sus "síntomas" eran producidos por los medicamentos que se suponía regulaban su patología.
Pasamos sesiones enteras sin hablar. Se sentaba y lloraba. Yo acercaba mi silla, ella se acercaba lo más posible sin que nos tocáramos. Y lloraba.
Le bajamos la medicación, en contra de varios tutores que lo desaconsejaban.
Seguía sin hablar pero no lloraba. Y un día empezó a escribir.
Sabía de memoria párrafos enteros de novelas, historias, cuentos, poesías.
Empezó a comunicarse con las palabras de esos otros que describían como se sentía, quién era, quien quería ser.
Fue la terapia menos ortodoxa y más cálida de la que participé.
Leí como nunca. Buscando para ella esos caminos que abrieran otros, que le permitieran encontrarse.
Y lo hizo. Tengo aún recortes de nuestros intercambios escritos. De chats, sms, mails.
La última vez que la vi, hablabamos claro, me abrazó y así nos quedamos un rato y me dijo que en el silencio que le había permitido ella había podido escucharse. "Gracias por quererme bien. Como yo lo necesitaba"
Hoy, sabía del ateneo. Cosa rara porque generalmente no se comunica a los pacientes.
Recibí un wa hace un rato: "no fue la terapia. O no fue cualquier terapia. Fue el amor, incondicional y respetuoso. Fue que no tiraras para sacarme sino que te animaras a entrar conmigo. Gracias de nuevo por quereme bien"
Aprender siempre, estar abierta siempre, mirar, ver, escuchar profundamente, no juzgar.
Nunca, jamás me voy a olvidar de todo lo que esta chica me enseñó. Gracias por dejarme acompañarte.
viernes, 28 de octubre de 2016
Aprendizajes imprevistos
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