No soy seguidora de fútbol. No soy fanática, no tengo equipo (más allá del adquirido a través de la historia familiar), no sé de historia del deporte y por una cuestión de edad jamás he visto a Argentina ganar o siquiera acercarse a ese tan preciado puesto. Ya podrán catalogarme como "boluda alegre", "fanática oportunista" o "paracaidista del mundial"... no serán originales, durante este último tiempo he sido receptora de esos apodos, sumados a miradas de incomprensión, suspicacia o lisa y llana desconfianza ante mis nervios o ansiedad por un partido a jugarse.
A pesar de todo esto, la realidad, la mía al menos, es que este mundial me partió la cabeza. Mi realidad es que me he descubierto mirando partidos de equipos que jamás había visto, escuchando (y callando) a periodistas deportivos de toda índole, googleando videos, porque la tele no alcanzaba, siendo monotemática, descuidando laburo... todo aquéllo que hasta ahora no sólo me había perdido de sentir, sino que no entendía y no compartía.
Este mundial me permitió soltarme, gritar, saltar, demostrar todo lo que estaba viviendo, sin vergüenza, sin pensar en el "que dirán", sin dosificar... Entendí que la piel de gallina y la mirada húmeda por la emoción, por la liberación de la tensión, son parte fundamental de quienes somos, como pueblo, como país. La joda argentina, la picardía, la velocidad que nos caracterizan me fanatizó... vernos afuera, saludándonos, coreando como si fuéramos una sola garganta, una pared de sonido que colmó cada espacio, me sacudió hasta la médula... Un amigo me dijo "es lindo ver al pueblo feliz" y yo, hoy, agregaría, "es lindo sentirse parte de ese pueblo".
Entendí esa frase tan trillada de "qué lindo que es el fútbol" y no sé aún si es por el deporte en sí o por lo que genera... por esos miedos y ansiedades compartidos, por las ganas, por la pasión, las sonrisas y guiños cruzados en la calle después de un partido ganado, las lágrimas que sabés compartidas por millones, por el abrazo con los tuyos (que por estas fechas son todos)
El domingo vamos por todo, vamos a sortear ese mínimo espacio que nos separa del sueño. Vamos a sufrir de nuevo, porque vale la pena, porque este sufrimiento y este temor son de los lindos, son de los que nos hermanan. Vamos por más, porque estos tipos que no conozco nos han brindado todo y no dudo que dejarán su última gota de energía para traernos la gloria... por ellos, que logran por un rato que seamos uno:
VAMOS ARGENTINA CARAJO!!
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